sábado, 3 de abril de 2010

Les Collines (Never leave You) - Alizée.

Nueva música de Alizée!!! Y ahora está mucho, pero mucho, mejor!!!

Qué decir! Tiene el sello de INSTITUBES. Genial!

A comprar el disco chic@s!!!

PD. Muy buen video!!!

HERETIC LOVE - CANTO TERZO

Heretic Love
Canto terzo

Con impertérrita mirada despachando sus asuntos personales: con la memoria de la voz grabándola bien, hasta este siempre entonces. Asomándose por un resquicio, tópico de la puerta y el pasillo, una mano de mujer acariciándole la espalda, palmeando su cabeza, profiriendo sensualmente:

-¡Allá no me encontrarás!

Mientras, la lluvia seguía marchando en la azotea, con aplomo y vergüenza de su descaro. ¡Cómo se atreve a interrumpir! Sonrojándose, favor que le debe a la tarde, disminuyó mis reclamos al acallar, al menos en cierto grado, su ruido. Calló a su ruido de lluvia, pero ella mismo no se calló, ¿tenía voz propia? Sí: ese “tic” de lluvia que le pertenecía, pero ella misma no se calló. ¿Era ella la propia voz? No lo sé. De ser así, se habría callado ella misma. Aunque tampoco se habría callado sin haber dejado de ser: el callarse de ese modo le está prohibido. Es imposible que se calle si es ella su misma voz.

Con impertérrita mirada, seguía pensando. Sin decir media palabra, absolutamente callado. Ella, sin embargo, seguía hablando:

-¿Qué piensas? Vamos, dime algo ¿quieres? Por favor, no soporto el ruido de la lluvia, nunca me ha gustado. Tapémosle con algo, ¿qué te parece si cantamos?

-¿Cantar?
…Pensaba, sus gestos dudaban en su cara poblándola de zurcos de arrugas: tenues o pronunciadas. Como una llanura, como un acantilado, brechas insondables de palabras, de miradas. Sus párpados, como bailarines torpes, temblando, al ritmo de la incertidumbre.

Un rayo de sol, de los últimos de ese día aún estando débil, partió a través de la ventana a un jarrón de cristal rojo, destellando en una luz rosada. Esa luz, como chispas de lluvia, salpicando a toda la habitación, ahora mismo se agotó, no sin antes inundar de su timidez hasta casi el último rincón.
Rojo, azul, violeta, verde, amarillo… Tonos sin orden, fueron dando brochazos efímeros a la blanca pared brillosa de esa habitación. Un cuadro tosco, que exhibía una manzana roja, cobró nuevos bríos. Como si una nueva pintura la hiciese nueva, viva. La manzana casi pudo emanar su característico olor a su propia naturaleza, casi pudo saborearse. Y es que esa tarde era como una manzana roja, fresca. La lluvia era un suave rocío que la adornaba, volviéndola más suculenta.


-¡Allá no me encontrarás!

Recordando la sensual provocación de esas palabras, giró y la miró a los ojos. Estos no eran de irá, aunque desbordaban grandes pasiones, como si busacran cobrar una deuda.
Su mirada ahora está clavada en la manzana, ¿pero qué pasó?

Al girar y mirarla directo a los ojos, ella esbozó una sonrisa. Siempre tan coqueta. Él, con sal en la piel, tomó la mano de ella, la alzó y llevando su palma a su mejilla, dijo:

-Tu piel me refresca, como una manzana. Pero tu mirada es fuego que quema. Tus palabras son nada, pero tu sonrisa es alegría nacarada.

-Pero, ¿qué dices?
Estaba asombrada, no sabía qué pensar, ¿era un halago o una ofensa? Nunca nadie, en su vida, le había dicho algo así.

Una mosca vino a posarse sobre su frente. Ella (aparentemente) no lo notó. Él recordó su terrible aversión a las moscas, debajo de la almohada sacó un arma, y haciendo puntería…
Ella sonrío, fingiendo una falsa alarma. Ésta cobro veracidad a través de la seriedad de él, y en un brevísimo instante, casi a la par de la luz, ella estaba verdaderamente aterrada. Él a punto de disparar…
Y haciendo puntería, disparó. ¿Su objetivo era la mosca o ella, profanadora de las alas de teflón?

El cuerpo, con el terror aun en los ojos, cayó tendido en la cama. La sangre fue una mordida que desprendió un trozo rojo de piel de aquella tarde de manzana.
…Le levantó los pies, y por una inercia inesperada, el cuerpo, mejor dicho, ella, rodó hacia debajo de la cama.

Él giró de nuevo, impertérrito dentro de sus pensamientos: sendas impropias, distintas a él, provenientes de la lluvia, la almohada o la cama. Se le antojó que de la manzana.
Con pensamientos de manzana, rojos y blancos, suaves, húmedos y secos, meditó sobre un higo: casi es una fresa y casi es una pera, se dijo.

Casi se escucharon esas palabras. Siguió contemplando la manzana.

Sus ojos ahora descansan, un día pesado le aguardó desde la mañana. Un “miau”, voz arquetípica de un gato, se emana por parte de una escalinata fuera pero visible desde la ventana. Quizás ha aprendido a maullar, como todos lo hacemos a hablar. Quizás un cartero aprenda a ladrar. Qué bello mundo triangular.

Más rojez de la tarde de manzana… No ha parado de llover, y una gotera pinta de rojo a la lluvia que se está estancando cerca de la cama. Esa rojez es causa de la gotera , y no de la bala que sangra. Aquí la lluvia no es natural, pero una muerte donde quiera es habitual.
Es la bala y no el cuerpo quien sangra. Pues la bala, en este caso, es causa y medida de un cuerpo muerto que despojándose de sí, sangra. ¡Vuela chica de manzana, en tu libertad desparramada que sangra!
Eso sin gestos ya no es una cara, eso sin sangre ya no es una amante ruborizada.

¡Vuela, encarnada, en tu mosca montada, fusionada!
Por Eduardo-Rien