domingo, 16 de mayo de 2010

Obituario de un extraño

Obituario de un extraño


Ahora que tus demonios están fuera, y el adiós se escurre entre las olas que golpean con fuerza contra las rocas, duerme y naufraga en la noche azul escarlata. Te veré en la decimonónica estrella, te esperaré, ahí donde se une el ocaso con el alba. Ahí donde rugen y nacen los vientos que orbitan el mundo. En el remolino vertiginoso donde confluye la mar con el cielo.
Te veré dentro de setecientas leguas de océano.

Ciento cincuenta dracmas ruedan en círculos perfectos hacia la playa. Pagan el precio al monstruo, para que encadene mi cuerpo en la bolla más recondita dentro de la mar.

Las olas golpearon una vez más las rocas, estrellandose con estrétipo mientras bañaban una cara y un cuerpo sin gestos, inherte, que desprendiéndose del lugar donde alguna vez estuvo encadenado, flotó hacia la playa por la inercia de las olas a fraguar la rosada arena que una vez fue felicidad... Y es que aún apetecía aquel cuerpo exánime, el roce cálido de esas manos.

Sin embargo, aún te espero... - Pronunciaron esos pálidos labios, ya sin vida- aún te espero como las chispas de las estrellas, bañando aquel aire. Ahí, en el lugar donde se une en un eterno abrazo la mar con el cielo, setecientas leguas camino adentro del oceáno.
Cuando llegues a ese lugar, me reconocerás y la azucarada arena rosa de nuestra playa cobrará renovados bríos de una eterna felicidad.

sábado, 1 de mayo de 2010

Cloud

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La música alrededor de los árboles y los pianos con su eco dulzón, como paralelelípidos sedientos de esos dedos, tus dedos de marfil.
"Y no es que no te vuelva a ver, sino que no te volveré a encontrar" Sollozó una voz... La otra, no respondió.
¿Qué era pues, sino el preludio de un epilogo amargo? De ese epilogo que previniéndose, antecediéndose a sí mismo, no quiere saber del pasado y no quiere ser futuro. Porque en su futuro no ve planes, viajes, sueños, tan sólo es que el futuro deviene en trazos del pasado, como garabatos. Como gestos automáticos inscritos al azar; pluma en mano, en la orilla de una hoja de papel. Como un dibujo sin sentido, sin bordes y sin sombras. Un sol pálido o muerto. La empuñadura de una daga revoltijada de polvo. El óxido que como paño del tiempo, cubre con una sólida pátina, el filo de un acero.
Ese epílogo, antecediéndose a sí mismo, no es futuro, es pasado.
"Queda pues, el postergarte, dejarte en el olvido, postergarte de una buena vez sin más empacho, aún cuando hayas sido, quiero creer que podrás ser... Postergarte, relegarte, y dejarte pendiente al tiempo que, como años mentiros y falsos, me dirán que algún tiempo ha pasado. Quiero ignorar que esa falsedad del tiempo me miente, y es que deseo engañarme dos veces para estar más seguro del olvido, para estar más seguro de que voy a volver a encontrarte, para estar más seguro de que no te he olvidado, para estar más y más seguro de que el tiempo no ha pasado. Porque, ¿a dónde pudo irse el tiempo que pasó?... A dónde se fue tu rostro, tu sonrisa, tus palabras, ¿en dónde están? Y es que me da miedo decir que te he olvidado, no recuerdo si quiera tu tono de voz, ni siquiera el contorno de tu cara, ni siquiera la sombra y el cobijo de tus brazos, ¿dónde están? Ahora que miro mi rostro en el espejo, huelo tu perfume, te veo viéndome, te veo en mi ojos hipnotizados que no quieren dejar de verte, que no quieren dejar de verme al igual que lo hiciste algún día, día que como el olvido no quiero que se aleje, porque tengo que tener presente el olvido para olvidarte y porque no quiero olvidarte: te postergo".

Como los pazos torpes, embriagados de la vida, tan inocuos como pergeñados del abrigo de ésa mirada, resonó un carraspeo que provenía del suelo, que sin ánimos arrastraba el sonido por el suelo como un fantasma, a penas era un débil quejido moribundo. Pero sin embargo, la luz que entraba al salón dibujó un par de zapatos, subió dibujando tus piernas, con poca luz, así, tímidamente emanando efluvios del pasado con olor a sepia, subió aún más. Bordeó tus caderas e intempestivamente se olvido del resto del dibujo, la sombra empañaba, como el frío de la mañana, como el aliento de tus labios, algún recuerdo lejano. Y una vez más, en el resquicio de la luz y las sombras, ocultas tu rostro, en la penumbra de azafrán. Pero es tu piel de manzana, la piel que acarician esos deliciosos zapatos, quien me habla, ya no es tu voz, como acostumbrabas. Es que es ahora que tu boca, pide y suplica reposo entre nuestros labios. Pero es tu piel la que me llama. Tu boca de manzana y fresa, tímida, sólo espera nerviosa por un beso. Sin embargo no dice nada, nada insinúa. Pero por poco que dice, mucho sospecha.
En aquella distancia tan infinita como inconmensurable "...comencé a sortear y navegar por entre el espacio insondable, esperando que no fuera real aquel encuentro... Ahora que comenzaba a olvidarte y aprendía a amarte"

La música alrededor de los árboles y los pianos con su eco dulzón, como paralelelípidos sedientos de esos dedos, tus dedos de marfil.
"Y no es que no te vuelva a ver, sino que no te volveré a encontrar" Sollozó una voz.
Un silencio que presagiaba un suceso de verdad, nació. Mientras otra voz se hacía presente... Esa otra voz, nada respondió.

La nubes se posaron grises sobre el piano de marfil. Aquel salón, solo.



Por Eduardo-Rien. Pentadaktylo.