Heretic Love
Canto secondo
Canto secondo
Tic, tac, tic, tac… Tic, tic, tic… Crash, cra-ash… Dos horas de ruidos cacofónicos de eco, eclécticos, con fuerzas eróticas mayores o iguales a dos, pero menores y distintas al infinito. Erizo de mar, mezcla marrón súper pigmentada, escarnio andrógino adornando la ventana.
Por fuera, expuestos a la calle, han existido unos escalones húmedos, salpicados, llenos de pecas de agua. Pecas traslucidas, manchas sucias, claroscuras. Escalones como piel marmórea pecosa: o son albinos o vampiros, o simplemente un ser mal maquillado.
En medio de la calle, un pequeño charco sigue en aumento, en un bache. Un chirrido se produce entre agua y lluvia: que quede claro, por favor, que son siempre distintas. Ellas se unen y rechinan, se unen y gritan. Estar así de cerca siempre duele, como adarga en el vientre lamiendo chorros de sangre salada. Me dijeron que hace tiempo habían tomado un baño, pero no se los creo, pues ¿para qué jugar a eso otra vez?
…Ésa es un hambre infinita, que no se sacia, y que como vómito apetece nuevas pendencias: deseos que luchan, órganos que discuten y concurren mientras se retuercen, ya para tragar o vomitar. ¿La dirección es acaso la diferencia entre acto y acción? Estos actos son los mismos, casi iguales los movimientos musculares; pero las acciones son distintas.
In, out. In, out. Dentro, fuera… Una y otra vez… ¿Qué anzuelo han mordido tus ojos de pez?
Tic, tic, tic… Un ruido analógico-crónico, cada vez más lento. Dispar y sin tiempo. ¡No! Definitivamente eso no es un reloj, aunque sí es un segundero, pero, ¿dónde rayos hayo el tiempo?
¡Crash, cra-ash! Ahí está: en la lluvia, en los relámpagos de luz. Escurriéndose en la lluvia, disfrazada de agua. Escurriéndose en el agua, disfrazada de tiempo… ¡Qué más da!: Darle cuerda, desde abajo, a tu cuerpo, que como un reloj, tampoco es tiempo.
El ruido de la lluvia, es siempre distinto a ésta. El tiempo es algo es tan distinto, incluso frente a la des-ventura del viento, o a mi pulsera de mano con forma de tiempo.
Ayer, entonces, hubo una masacre: y los “tic” de la lluvia no fueron más que griteríos de dolores, que como en un parto, chirriaban, al igual que una garganta entumiéndose. ¿Qué boca quejaba?, ¿de dónde emergían al sonido esos “tic”? (Venir al sendero de las ondas del sonido, implica un distanciamiento, donde no eran aún sonido pero se aproximaban entes ya existentes que se vendrían a configurar como tal, ¿de dónde, entonces, prœ-vienen?) Del agua, obviamente, pero no de la lluvia, que se depositaba en el óvulo céntrico del charco, haciéndolo arder y gemir.
Aunque esos gritos no sean del agua, sino míos: debo admitir que estaba asustado con todos esos asesinatos. Con cada gota-lluvia, que como cuchilla afilada, se sepultaba con ganas (con las ganas de la tierra) dentro de la charca-agua. Sí porque, ¿no te he dicho? Era una charca, se me antojó que fuera mujer.
Una rueda ha venido a partir y a desparramar esa exigua charca. Yo que creía estar enamorado, ahora estoy decepcionado. Tan cerca se empaparon mis pestañas, y esa cercanía me dolía, mucho. Pero tan lejos, toda la charca pulverizada, no me interesa, porque me lastima. Y es que no la quise, y estoy avergonzado. ¿Adyacente? ¡No, por favor! ¿Remoto? ¡Tampoco!
Ese puente de goma, ha partido la charca. Rebotando tontamente: latex.
¿Latex? Burbuja porosa suave, linda, negra, pomposa. Rueda de vinil. Rueda negra de carbono: ¡Poliuretano! Con un traje negro excesivamente entallado.
Poing, poing… Avanza con su traje negro de latex, el esclavo. Tuerce a la derecha y desaparece por completo de la tierra. Esclavo de carga: de metales torcidos y acomodados, arquitectónicamente ensamblados.
Devengo ciego: ¿A dónde se ha ido la charca? Dentro de las llaves de la máquina, se enamoró y huyó. Ignorante, no sabe acerca de la demo-cracia ni de la mono-gamia. La una es una prueba loca. La otra un juego de monos insipientes. Crazy, demo, monos, game… ¡Bah! Palabras, tonterías. Nada propio de un gato de tejado que no ha aprendido a articular palabras, que es mudo y que no posee al mundo con discursos: blasfemias, elogios.
Tic, tac, tic, tac… Ladran sílabas desde el interior de la ventana; i-i, i-i, i-i… rechina una silla, soportando una carga con características humanas. La “i” que se prolifera como voz, o como tos en esa silla, es humana; la “u” es arácnida: ¡Buh! …A por el InsectIsIda: al ataque la “i” humana.
Las cosas siempre rechinan con una “i”, y se mastican con una “o” distensa, que laxamente va fraguando, aunque depende, porque ahora mismo no tengo hambre. No hay “o”, hay una “i” que proviene del interior de esa cama. ¿Dentro, es “dentro” en la cama, o encima de la cama? ¿“Dentro”, es venir a ser lo mismo que la cama?
Lo “interno”, es según se pueda contener y no según se pueda ser. Porque es distinto el ser, al contener. Continente y contenido: fractales de la biosfera, alpinistas que descienden hacia el cielo deslizándose a través de una loma: un montículo afilado, un embudo. ¡Trágatelos cielo, como moscas dentro de tu gran boca de sapo! Con esa lengua disfrazada de montaña, enróscala. Sorbe poco a poco tu café.
¿Otra vez?
Tic, tac, tic, tac… Tic, tic, tic… Crash, cra-ash… ¡Por el amor de Dios, Flat, ya deja de llorar!
Por fuera, expuestos a la calle, han existido unos escalones húmedos, salpicados, llenos de pecas de agua. Pecas traslucidas, manchas sucias, claroscuras. Escalones como piel marmórea pecosa: o son albinos o vampiros, o simplemente un ser mal maquillado.
En medio de la calle, un pequeño charco sigue en aumento, en un bache. Un chirrido se produce entre agua y lluvia: que quede claro, por favor, que son siempre distintas. Ellas se unen y rechinan, se unen y gritan. Estar así de cerca siempre duele, como adarga en el vientre lamiendo chorros de sangre salada. Me dijeron que hace tiempo habían tomado un baño, pero no se los creo, pues ¿para qué jugar a eso otra vez?
…Ésa es un hambre infinita, que no se sacia, y que como vómito apetece nuevas pendencias: deseos que luchan, órganos que discuten y concurren mientras se retuercen, ya para tragar o vomitar. ¿La dirección es acaso la diferencia entre acto y acción? Estos actos son los mismos, casi iguales los movimientos musculares; pero las acciones son distintas.
In, out. In, out. Dentro, fuera… Una y otra vez… ¿Qué anzuelo han mordido tus ojos de pez?
Tic, tic, tic… Un ruido analógico-crónico, cada vez más lento. Dispar y sin tiempo. ¡No! Definitivamente eso no es un reloj, aunque sí es un segundero, pero, ¿dónde rayos hayo el tiempo?
¡Crash, cra-ash! Ahí está: en la lluvia, en los relámpagos de luz. Escurriéndose en la lluvia, disfrazada de agua. Escurriéndose en el agua, disfrazada de tiempo… ¡Qué más da!: Darle cuerda, desde abajo, a tu cuerpo, que como un reloj, tampoco es tiempo.
El ruido de la lluvia, es siempre distinto a ésta. El tiempo es algo es tan distinto, incluso frente a la des-ventura del viento, o a mi pulsera de mano con forma de tiempo.
Ayer, entonces, hubo una masacre: y los “tic” de la lluvia no fueron más que griteríos de dolores, que como en un parto, chirriaban, al igual que una garganta entumiéndose. ¿Qué boca quejaba?, ¿de dónde emergían al sonido esos “tic”? (Venir al sendero de las ondas del sonido, implica un distanciamiento, donde no eran aún sonido pero se aproximaban entes ya existentes que se vendrían a configurar como tal, ¿de dónde, entonces, prœ-vienen?) Del agua, obviamente, pero no de la lluvia, que se depositaba en el óvulo céntrico del charco, haciéndolo arder y gemir.
Aunque esos gritos no sean del agua, sino míos: debo admitir que estaba asustado con todos esos asesinatos. Con cada gota-lluvia, que como cuchilla afilada, se sepultaba con ganas (con las ganas de la tierra) dentro de la charca-agua. Sí porque, ¿no te he dicho? Era una charca, se me antojó que fuera mujer.
Una rueda ha venido a partir y a desparramar esa exigua charca. Yo que creía estar enamorado, ahora estoy decepcionado. Tan cerca se empaparon mis pestañas, y esa cercanía me dolía, mucho. Pero tan lejos, toda la charca pulverizada, no me interesa, porque me lastima. Y es que no la quise, y estoy avergonzado. ¿Adyacente? ¡No, por favor! ¿Remoto? ¡Tampoco!
Ese puente de goma, ha partido la charca. Rebotando tontamente: latex.
¿Latex? Burbuja porosa suave, linda, negra, pomposa. Rueda de vinil. Rueda negra de carbono: ¡Poliuretano! Con un traje negro excesivamente entallado.
Poing, poing… Avanza con su traje negro de latex, el esclavo. Tuerce a la derecha y desaparece por completo de la tierra. Esclavo de carga: de metales torcidos y acomodados, arquitectónicamente ensamblados.
Devengo ciego: ¿A dónde se ha ido la charca? Dentro de las llaves de la máquina, se enamoró y huyó. Ignorante, no sabe acerca de la demo-cracia ni de la mono-gamia. La una es una prueba loca. La otra un juego de monos insipientes. Crazy, demo, monos, game… ¡Bah! Palabras, tonterías. Nada propio de un gato de tejado que no ha aprendido a articular palabras, que es mudo y que no posee al mundo con discursos: blasfemias, elogios.
Tic, tac, tic, tac… Ladran sílabas desde el interior de la ventana; i-i, i-i, i-i… rechina una silla, soportando una carga con características humanas. La “i” que se prolifera como voz, o como tos en esa silla, es humana; la “u” es arácnida: ¡Buh! …A por el InsectIsIda: al ataque la “i” humana.
Las cosas siempre rechinan con una “i”, y se mastican con una “o” distensa, que laxamente va fraguando, aunque depende, porque ahora mismo no tengo hambre. No hay “o”, hay una “i” que proviene del interior de esa cama. ¿Dentro, es “dentro” en la cama, o encima de la cama? ¿“Dentro”, es venir a ser lo mismo que la cama?
Lo “interno”, es según se pueda contener y no según se pueda ser. Porque es distinto el ser, al contener. Continente y contenido: fractales de la biosfera, alpinistas que descienden hacia el cielo deslizándose a través de una loma: un montículo afilado, un embudo. ¡Trágatelos cielo, como moscas dentro de tu gran boca de sapo! Con esa lengua disfrazada de montaña, enróscala. Sorbe poco a poco tu café.
¿Otra vez?
Tic, tac, tic, tac… Tic, tic, tic… Crash, cra-ash… ¡Por el amor de Dios, Flat, ya deja de llorar!
Por Eduardo-Rien
1 comentario:
HOLA PENTADACTILO!
Vi tu comentario y si va a ver mas cosas de "la dominatriz"; de hecho, como ando ocupada con cosas de aqui y allá, no he podido escribir 100% del todo... no obstante espero traerles nuevas historias y poder terminar la que me pediste va??
Cuidate.
Yun
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