Jazmín de Vanidad en papel bond.
Entre las esferas de los cielos ruedan giros.
Dan mil volteretas mientras contemplan
la espesa noche de unos ojos.
Cuando sus dedos perdidos deambulaban
entre su pelo: en rayos de luz agrietada de neón.
Las esferas giraban al par que sus estrellas brillaban.
Y su boca se encontró con ese eterno beso.
En la zona desértica del infierno,
escaparon vapores de un enorme hueso:
La tubería alta y podrida, caerá al fondo de su cielo.
Siléptico, siléptico.
Fuera del planeta y atada, pendula para siempre,
la orbita que abrazada al disco de granito
es eco alguno del sorprendente ácido de Noviembre.
Hace eco y oscurece el espectro de la televisión.
Es ahora la sombra de la luz de noche de esos ojos.
Es la oscuridad que mece al sofá y descansa sobre esas piernas.
Es que es la huella que aspira la periferia del sillón.
Son trémolos cartujanos de cartón: montículos de pasión.
Avantrén que son enormes dientes entintados rojos:
Neceser repleto de antojos salitrados y linternas
inservibles sin una chispa de calor.
Con lengua de león, con lengua de león.
Es una antorcha hueca en un castillo de formol.
Una prisión líquida dentro de un botellón.
Un compuesto inútil que dispensa de hache dos oh.
Es sangre que empapa de un lado a otro la
linda vista nocturna de su habitación... Siléptica, siléptica.
Son unos dedos que se ahogaban en su pelo,
para consumir tranquilo un corazón.
No es la vanidad, sino la sensación de terror.
No es hambre, sino arrítmica diversión.
La noche en que volamos con dientes afilados,
sencillamente es pudor.
Cuando sus dedos perdidos deambulaban
entre su pelo: en rayos de luz agrietada de neón.
Y su boca se encontró con ese eterno beso.
En la zona desértica del infierno,
escaparon vapores de un enorme hueso.
Noche siléptica, siléptica.
Es una antorcha hueca en un castillo de formol.
Una prisión líquida dentro de un botellón.
Un compuesto inútil que dispensa de hache dos oh.
Es sangre que empapa de un lado a otro la
linda vista nocturna de su habitación... Siléptica, siléptica.
Son unos dedos que se ahogaban en su pelo,
para consumir tranquilo un corazón.
No es la vanidad, sino la sensación de terror.
No es hambre, sino arrítmica diversión.
La noche en que volamos con dientes afilados,
sencillamente es pudor.
Noche siléptica, siléptica...
Bueno, esta es una no tan vieja canción. Quizás luego subo la música a alguna parte.

1 comentario:
gracias por este poema que me voló la cabeza...
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